
Por Lucia Fuentes.
Terminan tres días de sesiones plenarias sobre el debate del estado de la nacionalidad. Un debate en el que, quienes gobiernan, han acusado a la oposición de catastrofista. Mientras, el Gobierno sigue haciendo alarde de sus dotes de triunfalismo.
Un Gobierno de poca o nula autocrítica, que culpabiliza de todo a Ángel Víctor Torres, a Pedro Sánchez y a los ayuntamientos, a quienes, sin consenso y sin medios, continúan asfixiando con atribuciones que no les corresponden.
Y esta actitud de culpar continuamente a otros, tal y como la definen los expertos, no es más que un mecanismo de defensa utilizado para evadir la responsabilidad personal, proteger la autoestima y evitar el miedo a las consecuencias.
Un Gobierno con un máster en frases hechas y en marketing, y cuyo presidente, cuando se le recriminan en pleno debate los elevados gastos sin precedente en publicidad y propaganda, lo llama transparencia. Un presidente con un discurso más que tranquilo, sobrado, porque ya tiene pactados los titulares que aparecerán mañana en la prensa y sabe que, diga lo que diga, no va a ser cuestionado en los medios.
La Canarias de la que nos hablan solo existe en sus discursos, porque en la realidad en la que vivimos el resto, siguen sin afrontar los principales retos de las islas. Se jactan de una ley de alquiler vacacional que ha resultado ser un fracaso y que necesita, sobre la marcha, de enmiendas que la doten de una mínima utilidad. Una ley que, recordemos, provocó con su efecto llamada la salida de casi 40 000 viviendas del mercado residencial al turístico.
A su vez, recortan millones en infraestructuras educativas; apuestan por una FP dual, no como complemento al Bachillerato, sino como una forma de eliminarlo, tal y como están haciendo en El Hierro; defienden lo privado ante lo público, tanto en sanidad como en educación, con universidades públicas infrafinanciadas; son el Gobierno más dañino presupuestariamente para el sector primario, al que, de cara a la galería, apoyan y defienden, pero al que de puertas para adentro le recortan los medios año tras año.
Presumen de la mejora del empleo en Canarias, unos datos que son de todo el país, gracias a un crecimiento económico que se distribuye en la sociedad española, con incrementos de los ingresos de los funcionarios públicos, de los pensionistas, de los perceptores del ingreso mínimo vital, de las prestaciones por desempleo… Unas 850 000 personas se han visto beneficiadas en Canarias gracias a los decretos leyes del Gobierno de España, no del señor Clavijo.
Porque aquí, un año más, siguen sin cumplir su gran promesa de la bajada del IGIC y, donde prometían presupuestos eficaces, más de 3 300 millones de euros anuales, imprescindibles para el bienestar de los canarios y canarias, no se ejecutan.
Mientras los ingresos públicos son los más altos de la historia y continuamente se baten récords de turismo en número de llegadas y de gasto, seguimos registrando las tasas de pobreza más bajas de toda España, con un coste de vida cada vez mayor, especialmente para quienes sufrimos la doble insularidad. Es inexplicable que en ese modelo de éxito, como lo llaman, haya 560 000 personas en riesgo de pobreza, 1 de cada 4, y que el trabajo no valga para vivir, mientras el Gobierno devuelve un dinero que no sabe gastar.
En paralelo, este Gobierno cuesta a los contribuyentes un 40% más que en la legislatura anterior. Más cargos que no ayudan a reducir, sino que incrementan, los innumerables conflictos internos surgidos en las Direcciones Generales y los conflictos abiertos con trabajadores del Instituto Canario de Hemodonación, Policía Canaria, Conservatorios, RTVC…
Por todo ello, nuestras propuestas de resolución han sido, muy a nuestro pesar, prácticamente las mismas que el año pasado y que el anterior, porque los asuntos que contemplamos están muy lejos de ser solucionados.
Récords en recaudación y mayores presupuestos que nunca, mientras los canarios y canarias sufrimos las precariedades de un sistema que no mejora.
Ellos y ellas seguirán mirando y culpando hacia afuera, plenamente conscientes de su incapacidad para dar soluciones palpables y certeras. Tal y como dijo el mismo presidente el segundo día de debate, y cito textualmente: “En cuatro años no vamos a arreglar nada”.
No esperábamos menos; lo que no han hecho en treinta años difícilmente lo van a lograr en cuatro. Paradójicamente, no cesan de culpar de todos los males de Canarias a un gobierno socialista de tan solo cuatro años, marcados por la pandemia, la guerra en Ucrania, la quiebra de Thomas Cook, la erupción del volcán de La Palma y una larga lista de contingencias que necesitaron toda la atención del ejecutivo. Y, como canaria, tanto en esos momentos como seis años después, me siento profundamente afortunada de que en ese entonces gestionase quien gestionaba.
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