El Arado (Parte II)

Por Tania Ayala Díaz

1976: una idea que se convierte en un sueño colectivo
Hay obras que nacen de la mano de un artista y hay otras que, además, nacen de una necesidad colectiva.
En 1976, en los albores de la Transición,
Toni Gallardo tuvo un sueño: concebir una obra con identidad propia, pero también con una forma de realización absolutamente singular y original .
No se trataba de una escultura creada y terminada en el estudio de un artista para después ser trasladada a un lugar determinado.
La obra salió del estudio y llegó al pueblo y el pueblo
participó en su construcción.
Y eso no es un detalle menor. Forma parte de la esencia misma de la obra.
Para entender cómo nació aquella idea hay que remontarse a la relación entre Toni Gallardo y mi padre, Aurelio Ayala.
Toni ya era entonces un artista comprometido con una idea del arte profundamente vinculada al pueblo. Realizaba, entre otras cosas, grabados de carácter reivindicativo que ponía al alcance de los estudiantes a precios muy bajos. Su manera de entender el arte estaba muy alejada de la idea de una creación reservada a unos pocos.
Toni mantenía una relación personal con mi padre, estudiante universitario herreño en La Laguna. Ambos compartían inquietudes políticas y sociales y pertenecían al Partido Comunista, en un momento todavía marcado por los últimos años del franquismo y por el comienzo de una nueva etapa política.
Fue entonces cuando Toni le planteó una idea: realizar un homenaje al campesino acompañado de un manifiesto que reivindicara las raíces canarias, nuestra identidad y la capacidad de los propios canarios para decidir sobre su futuro.
A mi padre aquella idea le entusiasmó.
Comenzaron entonces las reuniones en una casa de La Laguna, a las que fueron incorporándose otros estudiantes herreños.
En aquella época había alrededor de un centenar de estudiantes de El Hierro en La Laguna. Y poco a poco, entre reuniones, conversaciones y debates, aquella primera idea fue tomando forma.
Toni realizó un boceto que fue presentado a los estudiantes y posteriormente se elaboró una maqueta que permitía imaginar cómo podía desarrollarse la obra cuando llegara a El Hierro.
Desde el principio hubo una voluntad clara de que aquella no fuera simplemente una obra diseñada por un artista y ejecutada por otras personas.
La idea era que la gente participara.
Que el arte saliera de los espacios habituales.
Que la obra fuera, de alguna manera, de todos.
La relación entre Toni Gallardo y Aurelio Ayala, además, iba mucho más allá de aquel proyecto.
Mi padre siempre dijo que Toni había sido una de las personas que más habían influido en su vida.
Y es fácil entender por qué.
Toni era una persona entusiasta, con una enorme capacidad para transmitir sus ideas. Tenía un espíritu animoso y una manera de vivir los proyectos que hacía que fuera fácil dejarse llevar por su entusiasmo.
Y aquella idea que un día puso sobre la mesa terminó convirtiéndose, junto a un grupo de jóvenes herreños, en una obra que acabaría formando parte de la historia cultural y social de El Hierro y de Canarias .

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