Huelga de estudiantes en Francia

Por Luciano Eutimio Armas Morales

Estos días han estado de actualidad informativa las huelgas de estudiantes en Francia, que comenzaron en el instituto Saint-Exupery de Créteil de París el 17 de septiembre, y han logrado movilizar 500.000 manifestantes, con enfrentamientos violentos con la policía, y hechos tan reprobables como el incendio del ayuntamiento de Limoges, un monumento histórico del siglo XIX, al tiempo que anuncian una huelga general en toda Francia para el próximo día 5 de noviembre. Una “Semana de furia y fuego”, ha titulado la BBC.

Se acusa por algunos medios a la izquierda radical de La France Insoumise de promover estos hechos, pero la realidad no es tan simple ni se puede despachar señalando un chivo expiatorio. El malestar en el sector educativo, que también se da por otra parte en otros países de Europa, como Bélgica, Italia, Portugal, Albania, y en España con especial virulencia en la Comunidad de Madrid y Barcelona, no es consecuencia de la actividad de un grupo político, sino básicamente de las políticas educativas y del problema de la vivienda, aunque ciertamente, delincuentes y grupos violentos se aprovechan de ese clima reivindicativo para hacer sus fechorías.

¿Qué reclaman los estudiantes en Francia?

No son reivindicaciones políticas: piden mayor dotación de profesores ante la masificación de las aulas, ya que han eliminado 4.100 puestos docentes en cinco años; mejora de infraestructuras deterioradas; más medios para investigación y becas para estudiantes. Pero todo esto, simplemente, cuesta dinero.

¿Qué ha ocurrido en realidad?

Que el presupuesto para educación en Francia ha caído un 20,% en los últimos diez años en términos relativos, con la consecuencia de aulas hacinadas, escasez de profesores y deterioro de los edificios, de las instalaciones y de la calidad de la enseñanza, mientras el presupuesto de defensa ha pasado de 32.200 millones en 2017 a 57.100 millones en 2025.

Resumiendo: El problema ha surgido, porque el gobierno de Francia está incrementando los gastos militares, a costa de recortar gastos para educación, entre otros. Y eso, a pesar de que en un país como Francia deben ser conscientes de que la mayor riqueza potencial de un país es la educación y la formación de su gente, y podemos poner un ejemplo muy ilustrativo:

Todos los países de Centroamérica: Panamá, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, Guatemala y Honduras, tienen unas condiciones similares en cuanto a posibilidades de desarrollo, por la fertilidad de sus tierras, climas, riquezas minerales, etc.

Sin embargo, hay un país que destaca sobremanera sobre los demás, por su renta per capita, el grado de bienestar, los servicios sociales de los que disfrutan, y el nivel educativo y de formación de sus habitantes: Costa Rica. “Pura vida”, dicen ellos. En este país, la tasa de analfabetismo está en el 1,%, mientras en sus países vecinos llega hasta el 15,%. En Costa Rica el 26.5 % de la población tiene estudios y título universitario, y en Nicaragua solo el 9,% y en Guatemala el 4,5%.

La consecuencia de este alto grado de cualificación y formación técnica de sus ciudadanos y la estabilidad política, es lo que ha llevado a muchas multinacionales a establecerse en Cosa Rica, y al día de hoy, aunque tiene un potencial agrícola muy importante porque es gran productor de cacao, café, bananas y piña tropical, el capítulo mayor de sus exportaciones que representa el 40.% del valor de las mismas, lo constituyen las exportaciones de instrumental y aparatos médico-quirúrgicos, fotografía, óptica, dispositivos médicos y otros equipos del sector tecnológico.

¿Qué ha provocado ese abismo entre las condiciones de vida en Costa Rica y la de sus países vecinos??

Dos cosas: Primero: La estabilidad política con una democracia consolidada que nunca ha sido tolerante con las dictaduras, a pesar de las intensas presiones sufridas de parte de Estados Unidos, sobre todo en la época del presidente R. Reagan.

En segundo lugar, a una medida que tomaron siendo presidente José Figueras Ferrer reformando la constitución en 1949: Suprimir el ejército, y dedicar ese dinero a la educación y formación de sus ciudadanos. Simbólicamente el presidente destruyó parte de una almena con un mazo, y entregó las llaves del cuartel al rector de la Universidad para convertirlo en Museo Nacional.

Pero Europa está actualmente pagando parte importante de la factura de la guerra de Ucrania, y para eso ha aumentado las compras a la industria de la guerra a empresas estadounidenses en un 60,% en los últimos tres años, estableciendo una previsión de un crecimiento de un 40,% más antes del año 2.030, aunque Donald Trump presiona para que en todos los países de Europa lleguen al 5,% del PIB en gastos militares en 2030, lo que supondría para Francia más de 100.000 millones al año.

¿Quién pierde con esta política?

En realidad, pierden los estudiantes, es decir, todo el sector educativo, y también pierde la sanidad, los servicios sociales, las pensiones, la vivienda, y todo lo que hemos llamado la sociedad del bienestar, construida a partir de la II Guerra Mundial.
¿Y quien gana con esta política?

Pues ganan los que cobran por vender ese armamento, básicamente, los fabricantes americanos como Lockheed Martin, (Aviación); RTX Corporation, (Misiles); Northrop Grunman, (Bombas y misiles); General Dynamics, (Blindados y artillería), entre otros. Desde el comienzo de la guerra de Ucrania, estas empresas han aumentado sus beneficios y su cotización, entre un 32,% y un 55,%.

¿Y quienes están alrededor de Donald Trump para configurar su política?

Pues por ejemplo Stefhen Miller, asesor de seguridad nacional, judío. Howard Lutnick, secretario de comercio, judío. Lee Zeldin, administrador de la Agencia de Protección del Medioambiente, judío. Steve Witkoff, enviado especial para Oriente Medio y magnate inmobiliario, judio. Jared Kushner, yerno de Donald Trump, casado con Ivanka, misiones especiales y negociaciones con países de Oriente Medio y con Marruecos, y promotor de las mega urbanizaciones turísticas en Albania, judío.

Resumiendo: El malestar social que se está viralizando en muchos países de Europa, procede básicamente de las carencias en materia educativa y en vivienda, porque se está disminuyendo el presupuesto de estos capítulos mientras se incrementan los gastos y presupuestos militares, al tiempo que se está concentrando la riqueza en unos lobbies y élites mundiales.

Ah, me olvidaba, Volodimir O. Zelensky, el presidente de Ucrania, es judío, hijo de Oleksandv Zelensky y de Rimma Zelenka, judíos nacidos en la Unión Soviética. Y Netanyahu, nacido en Polonia, es hijo de Benzion Mileikowsky y de Tzila Segal, lituanos que emigraron de Lituania a Palestina.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *