La diplomacia del Papa frente al insularismo 

Es perfectamente legítimo preguntarse por qué el presidente del Gobierno no ha visitado El Hierro en determinados momentos con motivo de la crisis migratoria. Lo que resulta más discutible es convertir esa ausencia en la prueba de una supuesta falta de compromiso con la isla.

La política no puede reducirse a una cuestión de fotografías. Si el criterio para medir la atención que recibe una isla fuera el número de visitas oficiales que recibe, bastaría con multiplicar los actos institucionales para resolver cualquier problema. Los problemas no se solucionan con visitas, sino con recursos, inversiones y decisiones responsables.

Quienes hoy critican la ausencia del presidente del Gobierno de España en la isla de El Hierro para interesarse por la inmigración mientras ahora acompaña al Papa en su visita a Canarias son, con seguridad, los mismos que habrían denunciado una visita a El Hierro como un gesto oportunista o electoralista. Son los mismos que criticaron la presencia de tres ministros en Granadilla con motivo de la crisis del hantavirus por considerarlo excesivo.

Ahora parece excesivo que un presidente de Gobierno acompañe al Papa, que es el jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano. Si un pontífice visita Canarias para conocer de primera mano la realidad migratoria del Atlántico, se trata de un acontecimiento de relevancia internacional, humanitaria y diplomática. En ese contexto, es normal que el presidente del Gobierno acompañe al jefe de la Iglesia católica en determinados actos, del mismo modo que lo haría con otros jefes de Estado o personalidades internacionales de primer nivel que visiten España.

Además, la inmigración es una cuestión en la que tanto el Gobierno español como el Vaticano han mostrado interés y preocupación, por lo que la presencia conjunta puede interpretarse como un gesto institucional de apoyo a las personas afectadas y de visibilización de un problema de alcance internacional.

Lo que puede ocurrir es que quien está acostumbrado a analizar la política desde una óptica exclusivamente local e insularista no alcance a comprender la relevancia protocolaria e institucional que acompaña a un acontecimiento de esta naturaleza.

Si al senador de El Hierro le preocupara tanto la gestión migratoria en nuestra isla, pondría el foco allí donde existen competencias directas. Debería interesarse por la situación de los menores migrantes no acompañados bajo la tutela del Gobierno de Canarias en la isla de El Hierro. Es más, como presidente de la AHI y socio del Ejecutivo autonómico, quizá habría sido más útil emplear su influencia para convencer al PP de que respaldara en el Congreso el reparto de estos menores entre todas las comunidades.

Resulta llamativo que se critique al presidente del Gobierno central por un supuesto desinterés por los inmigrantes mientras se guarda silencio ante las carencias que afectan a estos menores tutelados por el Ejecutivo autonómico en El Hierro, jóvenes que, al alcanzar la mayoría de edad afrontan su futuro en condiciones muy difíciles, con escaso conocimiento del idioma, insuficientes oportunidades de integración y sin la documentación necesaria para iniciar una vida autónoma con garantías.

Menos demagogia con los adultos inmigrantes que permanecen unos días de tránsito en la isla y más exigencia política a quienes tienen la responsabilidad legal y directa sobre la infancia y la juventud más vulnerables. 

Fdo. : Alfredo González Hernández 

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