Menos propaganda y más datos para la sanidad herreña

Por Alfredo González Hernández

La sanidad herreña no necesita alarmas electorales

La denuncia de un supuesto colapso sanitario en El Hierro por parte de un candidato al Senado hace unos días exige una respuesta a la altura de su gravedad. No basta con proclamar la saturación ni atribuirla exclusivamente al repunte migratorio. Hay que aportar datos, identificar responsabilidades y explicar soluciones. De lo contrario, cabe preguntarse si se pretende resolver un problema real o aprovechar la preocupación ciudadana para obtener réditos electorales.

Si existe una situación de colapso sanitario, hay que conocer su dimensión real, sus causas y si las llegadas de cayucos han provocado demoras a los pacientes herreños. También es necesario saber qué medidas de contingencia se han previsto y qué responsabilidad corresponde a cada administración, con datos que la justifiquen.

Estas preguntas no cuestionan la labor de quienes están en primera línea; al contrario, la respaldan. Los profesionales sanitarios y los equipos de Cruz Roja necesitan medios, planificación y apoyo institucional, no que su desgaste se convierta en munición para la confrontación política.

Pero el debate no puede reducirse a la emergencia migratoria. La sanidad herreña arrastra carencias estructurales que vienen de lejos. El ejemplo más evidente es el nuevo Centro de Salud de Valverde: sus obras comenzaron en 2018, se paralizaron en 2020 y siguen pendientes de terminación. Que en octubre de 2026 la Consejería de Sanidad incluya su finalización entre las inversiones previstas, con 4,5 millones de euros, confirma que una infraestructura esencial continúa pendiente tras años de retrasos. La falta de espacios adecuados en atención primaria obliga a preguntarse si estas carencias están trasladando presión al hospital y dificultando una atención más cercana y resolutiva.

Atribuir a la inmigración todas las deficiencias del sistema es poco riguroso. La cuestión es determinar si estamos ante una saturación coyuntural que requiere refuerzos inmediatos, ante un problema estructural crónico o ante una combinación de ambas. Solo los datos permiten una respuesta seria.

Existe, además, un riesgo democrático: el aprovechamiento político del miedo. Cuando determinados discursos presentan cada nueva llegada como una amenaza, alimentan el rechazo al extranjero y ofrecen terreno fértil al racismo, la xenofobia y al populismo más rastrero. El problema no es exigir una gestión migratoria eficaz ni reclamar recursos sanitarios suficientes; el problema es explotar el miedo y convertir a las personas migrantes en culpables de deficiencias que las administraciones deben explicar y resolver.

La sanidad de El Hierro merece datos, recursos y una fiscalización rigurosa de todas las administraciones competentes, sin excepciones ni intereses partidistas. No se trata de negar las dificultades ni de restar importancia a una posible saturación, sino de exigir que se demuestre, se expliquen sus causas y se actúe en consecuencia.

El Hierro necesita soluciones reales, planificación y responsabilidades claras. No enemigos fabricados ni alarmas convertidas en propaganda electoral.

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