Zapatero, el ‘criminal’ más inútil del mundo: 20 años bajo sospecha y ni una multa de tráfico

Por: Alfredo González Hernández 

Hay que reconocerle un mérito a los perseguidores de José Luis Rodríguez Zapatero: su fe es inquebrantable. A pesar de que la Audiencia Nacional acaba de enviar al cajón de los trastos la enésima querella por narcotráfico y tramas venezolanas, ellos siguen ahí. Es fascinante. Si Zapatero fuera el villano de película que nos dibujan —el hombre que maneja los hilos de Plus Ultra, el oro de Maduro y los bajos fondos del Caribe— estaríamos ante el delincuente más torpe de la historia, capaz de mover millones sin dejar una sola factura, un rastro bancario o un testigo que no se desvanezca ante un juez.»

​Desde hace tiempo, el acoso a Zapatero se ha transformado en un deporte nacional para ciertos sectores. Se le acusa de todo lo imaginable, con el narcotráfico como última y extravagante parada en este vía crucis mediático. El objetivo es de una obviedad casi enternecedora: erosionar la figura de Pedro Sánchez bajo la premisa de que, si se logra derribar al tótem del socialismo previo, el actual Gobierno caerá por efecto dominó.

El fantasma de Venezuela y el rescate de Plus Ultra

​En este relato no podían faltar los ingredientes estrella: Venezuela y Plus Ultra. Durante años, se ha tratado de presentar la labor de mediación de Zapatero en el país caribeño como una suerte de sociedad ilícita con el chavismo. Se ha hablado de maletas, de oro y de conexiones oscuras. Sin embargo, tras el ruido de los titulares, la justicia ha vuelto a hablar este febrero de 2026: la Audiencia Nacional ha inadmitido las denuncias por falta de indicios criminales, recordando que las «sospechas» no son pruebas en un Estado de Derecho.  

​Lo mismo ocurre con el rescate de la aerolínea Plus Ultra. A pesar del empeño por situar al expresidente como el «conseguidor» en la sombra de una operación de 53 millones de euros, la realidad judicial sigue sin acompañar al relato de la conspiración. Zapatero ha sido tajante: «Cero absoluto». Y a falta de un documento o una transferencia que diga lo contrario tras un lustro de investigaciones, su palabra pesa hoy más que las querellas de quienes necesitan fabricar un culpable a cualquier precio.  

​El silencio de las pruebas

​Resulta fascinante que, tras años de empeño y la presunta legión de testigos dispuestos a cantar la traviata, nadie haya sido capaz de presentar una sola evidencia que aguante diez minutos en un juzgado. ¿Cómo es posible tal inoperancia? Si los delitos fueran reales, sería relativamente fácil para unos investigadores tan motivados conseguir un papel o un testimonio sólido. Pero no hay nada. Solo denuncias fallidas que se amontonan mientras sus promotores parecen inmunes al ridículo ante la opinión pública.

​Llegados a este punto, la lógica se invierte. Cuando alguien dedica años y esfuerzos infinitos a demostrar una culpabilidad y fracasa una y otra vez, lo que está fabricando, en realidad, es una prueba de inocencia irrefutable. Las pruebas de lo inexistente no se pueden encontrar por mucho que se busque; simplemente no están ahí.

​Al final, la persistencia en este hostigamiento solo nos lleva a una conclusión: la inocencia de José Luis Rodríguez Zapatero es tan sólida que ni siquiera el asedio más tenaz ha logrado encontrarle una sola grieta. Gracias por el esfuerzo, señores querellantes; nadie ha hecho tanto por certificar la limpieza del expresidente como ustedes con su estruendoso y reiterado fracaso.

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